El solio pontificio ya no está vacío. Al viejo Joseph Ratzinger lo ha sucedido Jorge Mario Bergoglio, quien ha tomado el nombre de Francisco para ejercer su pontificado, en un homenaje a Francisco de Asís, quien es tal vez el miembro del clero católico que mejor recordación tiene entre los fieles. Con este nombramiento se cierra un mes histórico para la Iglesia Católica: la primera renuncia papal en 600 años, y la primera voluntaria en 717, conllevó al primer nombramiento de un papa americano, el primero no europeo en ser obispo de Roma desde Gregorio III, hace más de 1200 años. La pregunta que surge, a la luz de mi anterior artículo, es: ¿será este nuevo papa de recordación histórica por su transformación profunda de la organización que ahora dirige, o simplemente por los datos enciclopédicos que acabo de mencionar?
Si no le interesan ni el fútbol ni la política, este no es el lugar para usted
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jueves, 14 de marzo de 2013
jueves, 28 de febrero de 2013
Sede Vacante
En el momento en que estas líneas se publican, Joseph Ratzinger deja de ser Benedicto XVI, el vicario de Cristo en la tierra, y vuelve a ser un académico, un teólogo buscando el solaz que sólo los libros pueden producirle, lejos de los ajetreos que ser obispo de Roma conlleva. Sólo Celestino V, hace más de 700 años, había abdicado de manera espontánea y personal al trono papal. Al parecer, una de las principales razones que abocaron el estado de sede vacante es una abierta confrontación entre dos corrientes de pensamiento en el clero católico, una de clara tendencia conservadora y otra que aboga por adaptar las formas, las posturas y las estructuras de la Iglesia para que estén más acorde con los grandes problemas de estos tiempos. No es para nada sorprendente que esto esté ocurriendo. Es más, si los cardenales que asisten al próximo cónclave no van con esta idea presente en sus cabezas, podrían precipitar la mayor ruptura dentro del cristianismo desde los tiempos de Martín Lutero.
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